Policía Militar 81 y 82

Foro de los que hicimos el servicio militar en las compañías de Policía Militar 81 y 82, La Coruña


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Servicio especial: revista "Finisterre".

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1 Servicio especial: revista "Finisterre". el Miér Dic 26, 2012 6:55 pm

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¿Se acuerdan de esa revista? La editaba la capitanía de la 8ª Región militar con artículos... militares, evidentemente. En los ratos de aburrimiento en la teórica, que abundaban, llegamos a leer algunos de los números que llegaban.

Creo que su tirada era trimestral, y cada vez que salía se distribuía en cajas por los cuarteles de Galicia. La casualidad me implicó en esa tarea cuando apenas me quedaba un mes para licenciarme. Era por la mañana pronto y volvía de pasar las últimas 24 horas en la residencia. Estaba entregando el arma cuando vino el cuartelero a preguntarme si quería ir, pues no habían en ese momento más veteranos que Joaquín Zayas y un servidor. El resto de compañeros disponibles iban a Ferrol para un traslado de presos.

Aunque venía cansado por no haber dormido apenas, la idea de pasar el día entero de excursión y conocer algo más de la región me llevó a aceptar. Eran 2 rutas a elegir: norte (Ferrol y Lugo), y sur (Pontevedra, incluyendo el CIR 13 en Figueirido). Ambos preferíamos esta porque volveríamos a visitar el CIR, pero esta vez como veteranos y encima presumiendo ante los reclutas de estar en la PM.

El cabo 1º de servicio, Ramón Martul, nos preguntó qué elegíamos. Ambos éramos del mismo reemplazo, así que ninguno tenía prioridad. Yo contesté: "Los dos queremos la ruta sur, habrá que sortear". Decidió echando una moneda al aire: a Joaquín le tocó Pontevedra y Figueirido, a mí Ferrol y Lugo.

Primero fuimos al Gobierno militar, donde nos presentamos y un mando (no recuerdo su graduación) dió a cada uno las últimas instrucciones... y un billete de 500 pts. "para que disfrutéis del día tomando algo". Me dejó asombrado. Dimos las gracias y nos llevaron al ya desaparecido cuartel de automovilismo situado en La Grela. Allí me presentaron al chófer con el que iba a compartir furgoneta. Y salimos. Al principio él estaba cortado por la idea de tener a un PM al lado, y no se atrevía a hablar, ni siquiera a fumar. Hasta que ya por las afueras me preguntó: "¿Si voy fumando un cigarro, me meterás un parte?"
Me eché a reir y contesté algo así como: "Anda yaaaaaaaa!! fuma lo que quieras".

En el tramo Coruña-Ferrol no había autopista así que fuimos por la única vía, que pasaba por Pontedeume y la zona de astilleros de Bazán, cuyos obreros andaban de huelgas y manifestaciones muy a menudo. Afortunadamente ese era un día tranquilo. Llegamos a Ferrol, entregamos las cajas y volvimos por la misma ruta para enlazar con la carretera que seguía a Lugo.

Si al chófer le podían las ganas de fumar, a mí las de quitarme el casco. Pero sabía que en esa misma ruta, en sentido contrario, venía nuestra furgoneta con el traslado de presos. Con buen criterio esperé a que se nos cruzara, nos saludamos reglamentariamente y entonces me lo quité.

En Lugo entregamos el resto de cajas. Era un cuartel de Caballería, situado a las afueras entre descampados, y tenían carros blindados. Allí alucinaron al ver un PM, y más al saber que era del reemplazo más veterano en esos momentos. Estaba previsto que almorzaríamos allí, así que los soldados que ayudaron a descargar la furgoneta nos enseñaron aquello. Ese día aprendí que se les llama "carros". La palabra "tanques" no se debe decir, y se lo meten en la cabeza desde el primer día. Nos invitaron a ver uno por dentro. Quedé sorprendido por lo pequeño y claustrofóbico que es. Nada que ver con esos carros americanos de las películas, que además tienen hasta pantallas a colores. Aquello parecía el interior de un submarino pero cutre, lleno de tubitos y relojes.

"No te imaginas el calor y el ruido que se pasa aquí dentro en las maniobras", me contaron. Desde luego, uno se lo podía imaginar viendo ese habitáculo reducido.
Llevaba mi equipamiento reglamentario: subfusil, porra, casco y como era un día lluvioso, chubasquero. Todo eso me tenía harto. Lo primero fue quitarme el casco y ponerme la gorra de faena que traía en un bolsillo. Me propusieron dejar todo eso dentro de una taquilla y acepté.

Después de almorzar participé en la única novatada que hice en toda la mili. Me llevaron a la compañía donde un "pito" estaba echado en su litera y le hice creer que había venido para llevármelo arrestado porque le habían visto borracho. El pobre muchacho no paraba de jurar que él no bebía, que llevaba días sin salir a la calle y no podía ser cierto. Cuando empezaba a creer que me lo iba a llevar, le dijimos que era una broma.

A media tarde volvimos a La Coruña con la dura misión cumplida y un día menos de puta mili.

Por cierto, ese cuartel (Garabolos) hoy en día es de uso civil y allí están los bomberos. En los descampados de alrededor ahora hay urbanizaciones, autovías... en fin, el progreso.

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