Policía Militar 81 y 82

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Aquellas mañanas de zafarrancho

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1 Aquellas mañanas de zafarrancho el Jue Oct 29, 2015 1:42 pm

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La limpieza de la compañía 82 era todo un servicio de mantenimiento permanente de los que se contratan hoy a empresas especializadas. Jaume Santamaría contaba que era a diario, lo que unido a los servicios que se repartían entre mucha menos gente nos dará una idea del nivel de exigencia que había en 1979-1980.

Recordemos brevemente cómo estaba organizada la tarea en 1982. Porque había una organización estructurada propia del sistema de castas en la India. Pitos, carneiros, gloriosos y civiles tenían cada uno un papel muy definido. Pero el zafarrancho se hacía únicamente los sábados por la mañana. Otra cosa era la limpieza de mantenimiento diario que podía ser varias veces al día y no solo por limpiar sino para simular actividad y no hacer cosas peores.

Todo empezaba a la vuelta del desayuno. Formábamos y pedían voluntarios para limpiar baños, teórica y cantina. Ya sabemos lo que pasaba cuando pedían voluntarios, que los pitos debían dar un paso al frente. Aquí empezaban las represalias contra los que habían destacado por ser más reinvindicativos. Ser tachado de "pito morro" era lo peor porque les arrancaban de la formación para limpiar los baños. Allí los veteranos más sádicos les hacían limpiar echando ácido clorhídrico en el suelo. Aún recuerdo ese olor que hacía picar la nariz y garganta y tardaba horas en irse de la piel. No en vano una de las amenazas más habituales contra un pito era: "el sábado te pongo a limpiar los baños con ácido".

El resto de pitos, que eran la mayoría, se quedaban en las zonas comunes de la compañía. Los que ya empezaban a ser algo veteranos (carneiros y gloriosos) empezaban la tarea moviendo literas y taquillas para despejar una zona, siempre desde el fondo hacia la entrada. Otros iban al baño a por cubos de agua. Los carneiros barrían con esas escobas de esparto desgastadas. Los pitos, armados con cepillos de mango largo con púas de plástico, cepillaban el suelo hasta que desaparecía la roña acumulada durante la semana. Mientras, los que habían dejado de ser pitos les animaban gritando toda clase de insultos.

Tras la pasada con cepillos iban los carneiros con esas fregonas tan usadas que algunas casi no tenían hebras. Los gloriosos iban y venían al baño a cambiar el agua de los cubos, y por último, los civiles supervisaban y colocaban hojas de periódico para que nadie pisara el suelo recién fregado.

Igualmente pero a escala reducida se limpiaban la cantina, teórica, despacho del capitán y el cuartito de los cabos primeros. En el piso de abajo los chóferes limpiaban todos los vehículos distribuyendo las tareas con el mismo sistema de castas.

La cantina daba mucho trabajo porque allí estaban la máquina de hacer café, vasos y cubiertos, botellas de bebidas y algunas cajas de refrescos y cerveza. Además la parte interior de la barra tenía el suelo cubierto con una rejilla de madera que había que levantar para sacar la porquería que se acumulaba debajo.
La teórica era lo más llevadero y por eso intentaba ir allí, tanto de pito como de veterano. Se cerraba la puerta y el pito limpiaba el suelo pero a su ritmo. Mientras, el veterano repasaba los cristales con papel de periódico y de vez en cuando echaba algún grito para que desde fuera pensaran que estaba puteando al pito. Ambos se podían permitir una pausa para fumar un cigarrillo pero con el oído atento por si el cabo cuartel asomaba la cabeza para comprobar que ambos trabajaban.
El despacho del capitán era más rápido y fácil. Tenía el suelo de parquet y por eso no se podía cepillar. Solo barrer y fregar pero con una escoba "de verdad" y una fregona nueva reservada para esa tarea.

Así avanzaban hasta llegar a la entrada y escalera, momento en que finalizaba el zafarrancho. Se retiraban las hojas de periódico y todos pasaban a la teórica a esperar al capitán, que llegaba a media mañana para dar el visto bueno. Y entonces llegaba uno de los mejores momentos de la semana: los que no habían salido de fin de semana podían vestirse de paseo y salir hasta el recuento de la noche. Los demás ya no tenían más que hacer excepto los servicios, que en fin de semana eran mínimos. En la compañía un cuartelero y los 4 imaginarias, y en la calle los 2 de Residencia y otros 2 con el jefe de día. Además un cabo cuartel para cada día, y un cabo primero de semana cuyo relevo era de lunes a lunes.

Un detalle humanitario: en 1983 sólo se escuchaba el estruendo de voces, gritos, cepillos y escobas, desplazamiento de taquillas y literas, etc. Como todo en esta vida se va humanizando añadiré que cierto cabo primero de buen carácter implantó la costumbre de poner un radio-casete y desde entonces los zafarranchos con música eran un poco más entretenidos.

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