Policía Militar 81 y 82

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En busca del centollo perdido

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1 En busca del centollo perdido el Lun Mayo 10, 2010 6:26 pm

CHUSCO

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En este apartado, me gustaría hacer incapié en un aspecto que siempre me ha preocupado : el tema gastronómico.
¿ Alguien sabe donde fueron a parar esos centollos, percebes, tartas de Santiago y demás, que me ahuguraron me comeria al estar destinado en la Coruña? ¿Nos daban vino en las comidas? ¿Era Rioja? ¿Alguien encontró más de un trozo de patata en el caldo gallego? ¿ Por casualidad alguno conserva una copia de la carta del menú que nos daban? ¿Dónde camuflaban el bromuro, en el rebozado de la carne?¿Os acordais de la delicada técnica en la elaboración del café con leche o colacao, ya no me acuerdo, de las mañanas?¿Os comíais algún bizcocho del desayuno, de camino a la compañía?
Lo mejor de lo mejor sin duda eran los churros que mangoneabamos a primera hora de la mañana en el servicio de residencia de oficiales, los bocatas de la " Virtudes" y los chorizos que le mandaban a Ramon desde la Rioja y que tan generosamente repartía.
Si alguien comío algo mejor, agradeceria su comentario y recrininarle a la vez que no me invitara.

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2 Re: En busca del centollo perdido el Lun Mayo 10, 2010 10:10 pm

Admin

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Admin
Una vez escuché que los cocineros del cuartel de Intendencia estaban por así decirlo "en prácticas" o sea que éramos como sus conejillos de indias.

Eso explica que nuestro cuartel nunca tuviera una sola estrella en la Guía Michelín.
Lo que recuerdo del tema gastronómico es:

Desayuno: 1 chusco triste y solitario y una especie de chocolate líquido que honestamente no me parecía tan malo. En Atocha ví cómo se hacía lo que llamaban café: en una sartén grande quemaban un poco de azúcar y cuando se hacía caramelo líquido lo vertían en la gran perola donde iba la leche y removían.

Almuerzo: Sí te puedo decir dónde estaba el marisco. Una vez me tocó ir al comedor a buscar bandejas que tenían arroz con cigalas. Y doy fe que sí tenía, estaban encima del arroz. Pero al llegar a la compañía olieron ese arroz... y sobre la marcha hizo el camino de vuelta. Estaban podridas!!.
Según el horario de servicio que tuvieras, la comida estaba mejor o peor hecha. No recuerdo a dónde tocaba ir pero se almorzaba tempranísimo, a unas horas más bien "europeas", y el guiso tenías que comerlo a medio hacer. Era lo que había.

Cena: la pregunta no era ¿qué hay de cena? sino: ¿sopa de qué y papas con qué?. O sea que todas las noches del mundo consistía en una especie de sopa traslúcida o mejor dicho transparente, y unas papas hervidas con algo sólido. Muchos días ni me molestaba en ir a cenar ya que no valía la pena.

En general recuerdo que las comidas se servían en platos de cristal: los típicos Duralex. En el cuartel de Atocha se comía en las deprimentes bandejas de aluminio con 4 hoyitos.
Ante ese panorama todos complementábamos la dieta por nuestra cuenta, ya sea con los paquetes que recibíamos de nuestras familias o con lo que comprábamos en la tiendecita más cercana. Se llevaban mucho las latas de foie-gras Apis (desde entonces las odio) y el pan gallego con jamón de Lugo y queso de barra "Larsa".

Por mi parte además llevaba de mi casa leche en polvo y gofio canario (esa famosa harina tostada de millo) que en épocas de hambre salvó a mucha gente en las islas. Yo me ponía vasos de agua con unas cucharadas de leche en polvo y gofio, y "pa dentro". Y para echarme algo sólido comía chocolatinas Mars, que entonces en península no se encontraban.
Cuando enseñaba el gofio en la compañía todos ponían caras muy raras pero con el tiempo alguno me llegó a pedir que le llevara un paquete cuando iba de permiso.

En resumen: después de 1 año de mili, entre la penosa dieta y el penoso ejercicio físico terminé hecho un desastre. El día en que nos licenciamos recuerdo que iba por las calles de Santiago de Compostela para tomar la guagua del aeropuerto y no podía cargar mi equipaje más de 50 m. sin parar a descansar. Luego entre la comida de casa y un riguroso plan de rehabilitación física, en 4 meses recuperé tejido muscular y las fuerzas que había perdido.

Por último me acabo de acordar que entonces, en otros cuarteles no se permitían alimentos en las taquillas. Se pasaba revista y si te pillaban algo te lo quitaban!
El motivo oficial era que si de repente había que salir a salvar el mundo, por ej. al Sahara y tenías que estar allí unos meses, el chorizo riojano de Vargas quedaba en la taquilla dando olor y afectando a la moral de la tropa.
Y si en vez de chorizos eran plátanos de Canarias... cuando volvías tenías mermelada!

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3 Re: En busca del centollo perdido el Vie Mayo 14, 2010 9:03 pm

Carajillo

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Avanzado
Hola a todos, en lo referente a la gastronomía creo entender bastante, ya que durante la mili con uno 1,82 de altura y unos 74 kilos de peso (mi peso ideal ya que siempre fui aficionado a los deportes)llegue a pesar 69 kilos y no precisamente por el deporte que hacía, sino por lo mal que se comía. En una ocasión recuerdo que por los diversos servicios que teníamos, no todos podían bajar al comedor del cuartel, y por lo tanto después de comer algunos se quedaban y subían tantas raciones como personal no había podido bajar al comedor, y los dejaban en la cantina donde procediamos a mirar para ello, porque en esta ocasión que os recuerdo había para cenar Bertorella con tomate, y el aspecto era de una bandeja grande de aluminio llena de espinas de pescado (como si hubiesen echado los restos de haber comido cabezas de pescado una docena de tíos)y luego una salsa de tomate por encima que daba unas ganas de comerrrrrr como el quinito ese de los cojones. Mad
Joder si no llega a ser porque los findes me venía a casa, al salir de la mili saldría transparente.
También me acuerdo de que nos preguntaban en el comedor que miraramos la fecha de caducidad de los yogures y si había alguno caducado que avisaramos que nos lo cambiaban.
Luego comprendí porque pasaba ésto, porque tengo un gran amigo de la cuadrilla que es militar profesional (Brigada) y cuando estaba el mes de cocina nos decía siempre que aprovechaba para cambiar de coche. Le debían dejar una beneficios de la leche.

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