Policía Militar 81 y 82

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1984: Desfile militar en Alvedro

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1 1984: Desfile militar en Alvedro el Mar Sep 04, 2012 4:34 pm

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El Rey presidió una parada de la Brigada Aerotransportable.

El rey Juan Carlos presidió ayer, en el aeropuerto coruñés de Alvedro, una parada y un desfile militar de la Brigada Aerotransportable, con base en acuartelamientos gallegos,que estos días realiza ejercicios conjuntos con aviones del Mando Aéreo de Transporte. La visita del Rey a Galicia, acompañado del ministro de Defensa, Narcís Serra, y del jefe del Estado Mayor del Ejérecito, teniente general Sáenz de Tejada, tuvo un carácter estrictamente militar, aunque en el aeropuerto de Labacolla le recibieron las autoridades civiles.


Esta es la crónica oficial que apareció al día siguiente en "El País". Una ó 2 semanas antes hubo ensayo general. Me tocó con José Prat en una puerta que había en verja que daba acceso directo a la pista. Por ella iban entrando los convoyes que se habían organizado en la ciudad. Era una mañana muy lluviosa en la que terminamos completamente empapados.
Una vez dentro se agrupaban y luego pasaban en formación frente a la tribuna que se estaba montando. Y para los que no sepan de qué va eso de conducir en formación sin estropear un desfile, y menos delante del Rey, les cuento:

En cada fila un vehículo hace de guía. Es el que mantiene la distancia respecto a la fila que tiene delante. Y los que están a su derecha e izquierda ajustan su velocidad tomándolo como referencia para que en todo momento esa fila vaya en paralelo.

Fácil, ¿no? Pues no tanto. Es fácil que uno pise más de la cuenta o deje de mirar por el rabillo del ojo al vehículo-guía, y en un momento se desata el caos. Su fila empieza a ir en oblicuo. Eso desajusta a la de atrás, con los consiguientes acelerones, gritos, frenazos, toques de bocina... En vez de un desfile militar parece un gran acordeón que se estira y encoge.
El oficial que coordinaba todo se ponía de los nervios y no paraba de gritar por megafonía: "A ver esos de ahi, que no están en un circuito de Fórmula unoooooooo!" Y a más fallos, más vueltas para corregirlos hasta que todo saliera perfecto el gran día.

Ese día llegó el 7-5-1984. Para variar, estando en Galicia, llovió toda la mañana. Los convoyes entraron por la mañanita y formaron. Se habían montado unas grandes carpas de lona para las autoridades donde habían grandes mesas con manjares de la tierra: empanada, vieiras, pulpo a feira, vino...

Se montó un perímetro externo de seguridad formado por cuerpos de seguridad "de verdad": Guardia Civil o Policía Nacional profesionales de sus grupos anti-terroristas. Estaban desplegados por la verja que rodeaba todo el aeropuerto. Un poco más al interior, nuestros héroes de la PM 82 formando un segundo cordón. Los más veteranos cerca de la tribuna y tiendas de campaña, y los demás por la zona más alejada.

Empezó la ceremonia con la llegada del Rey y demás autoridades en helicóptero. Por cierto, nuestro Rey hizo una demostración de su habilidad como piloto poniéndose a los mandos de un CH-47 Chinook de transporte al que engancharon un cañón con unas cuerdas fijadas a un gancho en su parte inferior. Así se elevó pasando por encima de mi cabeza y dando una vuelta al recinto. No dejé de pensar qué ocurriría si en ese momento se soltaban las cuerdas.

Después vino el desfile de la Brigada Aerotransportable, que a diferencia del desastre en los ensayos, lo hizo estupendamente. Donde yo estaba no ví acelerones ni frenazos.

Acabó el desfile y el Rey junto a su comitiva pasaron a las tiendas a almorzar. Todo quedó tranquilo por un rato. Se abrió el espacio aéreo y aterrizó el Fokker F-27 de Aviaco que hacía su vuelo diario Madrid-Coruña. Casi era el único vuelo que tenía Alvedro en esa época. Y miren qué casualidad, estacionó justo delante de mí. Los asombrados pasajeros y tripulantes desembarcaron y se fueron a la pequeña terminal que había entonces. Como volvió a llover aproveché la circunstancia para ponerme a cubierto bajo un ala del avión.

A esas alturas ya era casi mediodía y nosotros estábamos ahí desde por la mañana. Nadie nos había relevado hasta entonces, ni habíamos podido ir al baño. Y mi vejiga empezó a protestar hasta que llegó un momento en que ya no podía más. ¿Qué hacer? Miré alrededor y no había nadie cerca salvo algunos compañeros a cierta distancia. Así que me acerqué al tren de aterrizaje del avión y lo "bauticé" a mi manera. Lo sentí mucho por Aviaco.

Un rato más tarde vinieron los vehículos con nuestro relevo. Nos llevaron a las carpas donde el Rey y demás autoridades habían comido el aperitivo, y el capitán Guimaraens nos dio la orden que recibimos con más alegría: entrar allí y terminar con lo que había quedado. El que dejara algo se ganaría un arresto.

No sé si el Rey traía poco apetito o mucha prisa pero habían dejado casi todo. Para tranquilidad suya diré que acabamos con todo, sólido y líquido, y doy fe de que la empanada de berberechos estaba riquísima. Tanto que desde ese día es mi preferida.

Aviaco se mantuvo unos años más prestando un buen servicio hasta que desapareció absorbida por Iberia. Espero no haber tenido parte de culpa.

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